lunes, 25 de julio de 2016

Cuando lo que parece no es

(Escucha esta entrada en nuestro podcast)

Hola a todos y todas,

El día treinta y uno de julio celebramos, como todos sabéis, el fallecimiento de Madre Dolores, ocurrido hace ciento doce años.

Cuando hablamos de Madre Dolores solemos recordar dos momentos de su vida, el primero, cuando eligió quedarse para siempre en la casa de Arrepentidas -que en aquellos momentos estaba en la calle Bustos Tavera de Sevilla- y el segundo cuando, los años anteriores a su muerte, padeció el martirio de ser abandonada por sus más queridas hijas.

En ambos momentos podemos decir que lo que parecía, no lo era.

Cuando el Padre Tejero le habló de la Casa de Arrepentidas, ella consultó con su familia, con sus conocidos y con algún sacerdote; y todos le dijeron que aquello de irse a vivir con jóvenes que habían sido prostitutas era una auténtica locura.

A vista de todos aquello parecía un sinsentido, porque las que habían caído no iban a poder levantarse, al contrario, harían caer a aquellas dos mujeres: "Dos locas" que se habían juntado con el Padre Tejero.

Casa de la Calle San Felipe (Sevilla) donde estuvo la Congregación.


En la Calle San Felipe lo que era una casa de salvación parecía, para algunos vecinos, un prostíbulo al que acudir como clientes; y para otros, un lugar indigno de aquel barrio tan decente y luchaban contra él tirando piedras a las ventanas, esperando que aquellas mujeres se fueran a otro sitio. (Hoy habría habido una manifestación con pancartas y la televisión, para defender la "seguridad de nuestros hijos")

En ambos casos podemos decir que se equivocaban. Lo que parecía una locura resultó ser una inspiración de Dios que ha hecho el bien a miles de niñas, niños, jóvenes y mujeres durante 157 años; y lo que parecía una casa de prostitución era la salvación para aquellas jóvenes que habían sido esclavizadas y deseaban recuperar su dignidad.

También parecía lo que no era cuando Madre Dolores fue apartada del gobierno de la Congregación, cuando la pusieron a dormir en el rincón más apartado de la casa.

El grupo de Hermanas que la apartó del cargo de superiora general lo hizo porque veía claramente que Madre Dolores estaba siendo un "obstáculo" para el buen desarrollo de la Congregación; porque creían que la Congregación merecía algo mejor que lo que ella estaba haciendo. Ella permitía que todas las religiosas fueran iguales, que las acogidas fueran dirigidas por Hermanas competentes; y eso quitaba fuerza a los colegios, que ellas pensaban que daban "prestigio" y buen nombre al Instituto, mientras que las Casas de Acogida eran para ellas algo secundario, a lo que había que destinar pocos recursos materiales y humanos.

Ese error en su análisis les llevó a cometer una grave equivocación con Madre Dolores.
Pero, aunque parezca paradójico, en este caso, lo que parecía debilidad en Madre Dolores: "dejarse hacer", era el mayor signo de virtud, pues amó por encima de todo y, ejercitó así todas las virtudes: la humildad en su grado máximo, la paciencia, la caridad...

Nuevamente habríamos juzgado mal si nos limitáramos a las apariencias y dijéramos que las Hermanas que la trataban así (como los judíos al crucificar a Jesús) lo hacían con deseo de mal; más bien al contrario, creían que hacían bien en quitarle el control de la Congregación, pues pensaban que había "perdido el norte" y ya no era capaz de gobernarla como se debía.

Lo mismo que los sumos sacerdotes judíos, ellas creían que Dios le había quitado su gracia y se había convertido en un estorbo para el Instituto. ¡No sabían lo que hacían!

Sala de visitas del convento de Santa Isabel de Sevilla.


Por eso no podemos dejarnos llevar por las apariencias. Casi nunca las cosas, las personas, las situaciones son lo que parecen. Y no es tan fácil ver la realidad como Dios la ve.

¡Cuán fácilmente juzgamos por primeras impresiones!

Lo bueno es que, generalmente no juzgamos a las personas, sino los hechos. Ya vamos aprendiendo aquello de que hay que condenar el pecado pero no al pecador. ¡Menos mal! Ya vamos siendo más comprensivos y nos damos cuenta de aquello de "¡No saben lo que hacen!". Ya vamos comprendiendo mejor la debilidad humana y aceptando que nosotros mismos somos los primeros que "metemos la pata" siete veces al día.

Intentamos, creo, no juzgar a las personas, pero juzgamos el mundo, los gobiernos, las acciones de nuestros amigos y conocidos, lo que ocurre en nuestro trabajo o en la comunidad de vecinos, y, por supuesto, en nuestra familia o en nuestras comunidades.

Y lo hacemos, ¡claro!, porque tenemos toda la razón y todas las razones. Pero, ¡qué fácil es equivocarnos incluso cuando llevamos la razón!

Porque, como la vida de Madre Dolores nos enseña, no es suficiente con tener la "razón" humana; que hay que contemplar la vida y los acontecimientos algo más en profundidad; no es suficiente quedarse en las apariencias. Lo que parecía una casa de mala vida era un refugio de salvación; y lo que parecía maltrato era, por una parte, un intento de hacer lo mejor para la Congregación; era una visión equivocada de la Voluntad de Dios; y, por otra, un medio santificación bien aprovechado.

¿Cómo analizo lo que me rodea?, ¿me dejo llevar de la primera impresión?, ¿cuántas veces me equivoco?, y lo que es más importante, ¿cuántas veces me doy cuenta de que he fallado en mi análisis?

Yo muchas. Y lo malo es que a la vez siguiente vuelvo a caer, y a criticar, y a equivocarme.

¡Qué pocas veces me callo!, ¡qué pocas veces pongo delante de Dios los acontecimientos que me rodean y espero a ver si hay algo escondido en ellos. ¡Pero qué experiencia más bonita cuando lo hago! En varias ocasiones (por desgracia no muchas porque juzgo muy rápidamente), he descubierto lo que Dios tenía escondida, detrás de aquello que me aparecía como malo, o al menos como debilidad ajena- una perla preciosa que sirve para hacer el bien a otras personas, o para llevar adelante una obra importante.

En esta fiesta de Madre Dolores, Dios nos invita a mirar en profundidad, a buscar a Dios detrás de los acontecimientos, a buscar su benevolencia en lo que no entendemos. A buscar lo bueno en los que nos rodean, en nuestras familias, comunidades, trabajo, etc.

Pero para poder hacerlo necesitamos la mirada de Dios, y sólo conseguiremos tener la mirada de Dios si nos ponemos en su presencia; si ponemos delante de Él las cosas que nos pasan todos los días y a las personas que nos rodean. Por eso, nuevamente os invito deteneros durante un rato y hacer silencio en vuestro interior, para poder pasar nuestras vidas por el filtro de Dios.

Aunque pueda parecer una pérdida de tiempo hacerlo, esto es otra cosa que parece lo que no es: cuando llevéis tiempo haciéndolo descubriréis que todo lo demás encaja mejor, tiene más sentido. Que vuestro trabajo y vuestro descanso "cunden más". La presencia de Dios nos hace más productivos cuando trabajamos (ya que nos ilumina su Espíritu), y nos relaja más en menos tiempo, pues sólo Él es la paz que puede llenar nuestros corazones.

La canción que hoy os traigo es del disco "Busca mi rostro", de Ain Karem, y nos recuerda la llamada constante que nos hace el Señor a mirar más allá de las apariencias:



Oigo en mi corazón: "busca mi rostro"
búscame en la noche
busca en el silencio
búscame en tu hermano
contigo estoy

Te buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro
tu rostro buscaré.

Oigo en mi corazón: "busca mi rostro"

Amemos mucho y convirtamos los acontecimientos en oración para poder descubrir las perlas escondidas que se esconde en lo que pasa a nuestro alrededor y en los que nos rodean.

¡Feliz celebración de Madre Dolores!

domingo, 10 de julio de 2016

Siete demonios

(Escucha este episodio en nuestro Podcast "En clave de Fi")

Hola a todos y todas:

El día 22 de julio celebramos la festividad de Santa María Magdalena, que ya es fiesta para toda la Iglesia por decisión del Papa Francisco, ya que ella fue la primera anunciadora de la resurrección del Señor.

El 22 de julio tuvo su origen nuestra familia en una pequeñísima casa del barrio de Santa Cruz, en el centro de Sevilla. Allí llevó el Padre Tejero la primera joven que Rosario Muñoz Ortíz iba a acoger, como una madre, para que pudiera salir de las redes de la prostitución.

Casa de la calle Jamerdana donde se inició nuestra Congregación.
Eligieron esta fecha porque María Magdalena es modelo de arrepentimiento y de cambio de vida después de que el Señor echara de ella siete demonios, según nos cuentan los evangelios.

Y, ¿qué significa que Jesús expulsó siete demonios? Ya sabéis que siete es el número que simboliza la totalidad en la biblia. Siete demonios son todos los demonios. A María Magdalena no le quedó ningún demonio dentro. Por eso no aparece casi en los evangelios, sólo para decir que seguía a Jesús, que le atendía con sus bienes, que estaba al lado de María al pie de la Cruz, que fue la primera en acudir al sepulcro en cuanto se pudo (el domingo por la mañana) para limpiar y amortajar en condiciones el cuerpo del Señor, que fue la primera a la que se le apareció el Señor y la primera encargada de anunciar la buena noticia de la resurrección a los mismos apóstoles.

Siete demonios. No le quedó ninguno, y ella eligió el partido del Señor para siempre.

No como Pedro, que a cada rato volvía a meter la pata y tenía que pedir perdón al Señor.

María Magdalena fue lo más parecido a María la Virgen. Se convirtió y no volvió a pecar porque no quedaba en ella ningún demonio.

Nosotros nos parecemos un poco más a Pedro, el Señor nos da la gracia una y otra vez, y nosotros volvemos a fallarle una y otra vez. Porque siempre nos queda algún "demonio" dentro.

¿Cuántos demonios me quedan a mí?, ¿cuántos he conseguido expulsar con la gracia?

"Se me llevan los demonios" reza una frase que decimos a menudo. "Se me llevan los demonios".

¡Cuántas veces se me llevan los demonios!, cuántas veces no soy capaz de seguir a Jesús, cuántas veces, como Pedro, saco mi espada para herir al criado, al que está por debajo de mí, porque al que está por encima no me atrevo...

Pero María Magdalena no, ella se convirtió de una vez para siempre, ¡qué envidia!


María Magdalena de Guido Reni

Por eso el Padre Tejero la eligió como protectora de nuestra primera Casa, para que las jóvenes pudieran agarrarse a ella cuando se sintieran incapaces, débiles. Para que los y las que participamos de la obra de acogida a los más débiles la tengamos cerca cuando nos sintamos desfallecer y pensamos que la obra de educación, la obra de reeducación, la obra de ser buenos cristianos es imposible. ¡Si ella pudo...!, si ella se dejó convertir, si ella se dejó amar, si ella se dejó perdonar, ¡si ella pudo...!
Nosotros también podremos, nuestros niños, niñas y jóvenes también podrán. Y si no como ella, como San Pedro, día a día, caída a caída, demonio a demonio iremos convirtiéndonos, acercándonos y pareciéndonos cada vez más al Padre misericordioso al que Jesús nos invita a imitar.

Si María de Nazaret en su concepción inmaculada es la prueba de que la salvación de Dios puede ser real en el ser humano, María Magdalena es la demostración de que siempre hay esperanza para nosotros. Ella tenía siete demonios, estaba completamente endemoniada, y Jesús la salvó. Nosotros, por lo general, no tenemos demonios grandes, sólo demonios pequeñitos, pero muy pesados; así que podemos confiar en que Jesús puede echarlos de nosotros.

Pidámosle a Jesús, como las jóvenes que entraban en la primera Casa de la calle Jamerdana, que eche de nosotros todos los "diablos que se nos llevan", para que podamos ir ganando la batalla día a día, caída a caída, demonio a demonio.

Para ello contamos con una gran protectora, que sabe de pecados y de demonios, y que quiere que todos los discípulos escuchen la buena noticia de la Resurrección del Señor. Ella nos dice: "Si yo pude, tú también puedes, ten ánimo, sé valiente, confía en el Señor".

Confiemos en la intercesión de María Magdalena, patrona de arrepentidos, y amemos mucho, porque al que mucho ama... ¡Mucho se le perdona!

Miremos hacia ella cuando nos sintamos débiles, y apoyémonos en su brazo.

La canción de hoy se llama "Sin tu misericordia" de Fran en su disco "Con cuerdas de cariño", y puede proporcionarnos un buen momento de meditación en nuestra debilidad y la misericordia de Dios, ya que su letra es muy sencilla nos puede servir como si de una jaculatoria se tratara.

Sin tu misericordia nada puedo.
Sin tu misericordia nada soy.
Señor, sin tu misericordia
nada puedo,
nada soy.

video


Amad mucho y celebrad con alegría la presencia de Santa María Magdalena en nuestras vidas.


jueves, 9 de junio de 2016

PERSEVERANTES

(Escucha este episodio en nuestro Podcast "En clave de Fi"

Hola a todos y todas.

En un mundo cambiante como el que vivimos casi nadie habla de perseverancia. Hay que cambiar, hay que ir en nuevas direcciones, porque los tiempos cambian, la ciencia avanza, la historia no se detiene.

Todo eso es cierto, pero incluso para hacer posibles los cambios, debe haber personas perseverantes.

Para ganar una competición deportiva, los equipos deben continuar adelante a pesar de todas las dificultades que encuentran en su camino. Para conseguir un logro científico, los estudiosos deben trabajar durante años sin abatirse por los fracasos. Para alcanzar el éxito en cualquier aspecto de la vida, bien sea en los estudios, en aprender un idioma, bailar o tocar un instrumento musical, o bien en conseguir y mantener un puesto de trabajo, hay que hacer un gran esfuerzo. Y, además, un esfuerzo prolongado en el tiempo; y esto es perseverancia: mantenerse en el esfuerzo sin desfallecer durante un largo período de tiempo.

Perseveran los deportistas, perseveran los políticos, perseveran los estudiantes, perseveran los científicos, perseveran los matrimonios. Pero, claro, no todos los deportistas, ni todos los políticos, ni todos los estudiantes, ni todos los científicos, ni todos los casados. En proporción a los aproximadamente siete mil millones de personas que hay en el mundo, los que perseveran son relativamente pocos.

La gota de agua no tiene fuerza para hacer un agujero en la piedra, pero si perseverancia.
Todos, a comienzos de año hacemos el propósito de hacer deporte, o dejar de fumar, o leer más, o aprender un idioma, etc. Pero la gran mayoría abandonamos en las primeras tres semanas. Dicen los psicólogos que cuando alguien hace algo durante 21 días, hay muchas posibilidades de que pueda continuar haciéndolo, que la mayoría abandonamos en este período de tres semanas.

Por otra parte, la velocidad de cambio, los logros tecnológicos, nos han abocado a un mundo que lo relativiza prácticamente todo. Da igual no cuidar las cosas, porque nos sale más barato comprar una nueva que reparar la vieja, ¡y no vieja!, que no les da tiempo, pues la vida util de las cosas se ha reducido considerablemente, y lo que antes era "para toda la vida", hoy no dura más de quince años. Y, si hablamos de tecnologías, máquinas y aparatos, tenemos que reducir aún más este número. Un ordenador dura como mucho cinco, un móvil tres años, y así casi todos los aparatos eléctricos o electrónicos.

Hemos pasado de mirar las cosas como algo permanente a verlas con "fecha de caducidad cierta". Y eso también ha influido en nuestro modo de ver el mundo. Con el aumento de nuestra expectativa de vida, de nuestras posibilidades de viajar, y con los constantes avances científicos nos hemos dado cuenta de que lo que hace cien o cincuenta años nos parecía una verdad absoluta, ya no lo es. Hemos sido capaces descubrir que lo que antes parecían endemoniados, eran simplemente enfermos de epilepsia; que los genes influyen no sólo en las enfermedades físicas y mentales, sino incluso en la orientación sexual de las personas; que la genética nos condiciona en muchos aspectos de nuestra vida...

Todo esto nos ha aumentado nuestra capacidad de tolerancia a lo diverso, lo cual es no sólo bueno sino muy bueno. Pero, por otro lado, la relatividad de las cosas nos ha llevado a que esa tolerancia se convierta en un cierto permitivismo que nos lleva a pensar que ya todo vale, y si no vale ahora mismo, dentro de dos días, como quien dice, va a valer.

También nos encontramos con el hecho de que se ha convertido en habitual el pensar que, aunque algo no sea correcto, "mientras no te pillen", como lo hacen muchos, lo puedes hacer. Y, si otros lo hacen a gran escala, ¿por qué no lo voy a poder hacer yo en la pequeñita escala de mi vida diaria? Porque, no son cosas malas, es "picaresca", por ejemplo, coger más bolsitas de mayonesa o ketchup del que necesito para mi hamburguesa no es robar, evidentemente, es ahorrar. Pero habría que preguntarse ¿es correcto hacerlo?, o ¿al final, pasado un año, voy a tener que tirar aquellas bolsitas que cogí y que después, ni siquiera he utilizado?

Esta perseverancia en el bien hacer es la más difícil. En ella decía san Felipe que estaba una de las claves de la vida cristiana. Porque todos somos buenos a la hora de hacer propósitos, a la hora de empezar, incluso, a exigirnos a nosotros mismos más de lo imprescindible; pero, en cuanto vemos que otros viven tan bien haciendo lo que no es correcto, pensamos que ¡qué más da!

El Padre Tejero decía que la perseverancia había que proponérsela a uno mismo, y que había que pedírsela a Dios. Que ni la cuarta parte de cuantos hacían buenos propósitos perseveraban en ellos.

Buscar un rato para estar con Dios, y perseverar en ello.
¿Cuántas veces hemos hecho buenos propósitos? Pidamos a Dios ayuda para perseverar en ellos. Porque, si son "buenos", nos vendrá bien perseverar, ya sea hacer más ejercicio, dejar de fumar, o resistir la tentación de ser como los demás en esas pequeñas corrupciones de la vida diaria en las que no hay ni tan siquiera delito, pero que no nos ayudan a crecer como personas.

La clave está en preguntarnos a nosotros mismos, y a Dios, ¿dónde hay más amor? ¿dónde hay más respeto por mi mismo, por los demás, por el mundo?

El Padre Tejero también decía que pidamos a Dios el don de la perseverancia, que es el que corona todas nuestras buenas obras. ¿De qué me sirve hacer dos días de régimen, si al tercero vuelvo a las andadas?, ¿de qué pararme cinco minutos para estar a solas con Dios durante dos días, si al tercero ya no encuentro tiempo?

Me diréis... "¡De algo servirá!", y es cierto, siempre es mejor dos que nada, pero ¿no sería mejor perseverar en el encuentro con Dios cada día?, ¿no sería mejor para cada uno de nosotros, para nuestras familias, para cuantos tenemos cerca, e incluso para los que tenemos lejos, que perseveráramos en lo que conocemos que es bueno, que es sano, que nos ayuda a ser mejor personas, que nos ayuda a hacer del mundo un lugar mejor donde vivir?

Porque, al final, siempre llega un final, y entonces, cuando recorramos el arco de nuestra vida, ¿qué encontraremos?, ¿podremos estar satisfechos con nosotros mismos?, o nos encontraremos con que hemos desperdiciado un montón de tiempo haciendo cosas que ya estaban hechas, o que no había necesidad de hacer y nos hemos olvidado de hacer las cosas que eran imprescindibles?

La perseverancia es una virtud muy filipense. Las religiosas, incluso pedimos dos veces cada día al Señor, que nos conceda la perseverancia, no sólo en la vocación, que también, sino en el bien, en las buenas obras, en los buenos propósitos.

Pidamos al Señor que nos dé la perseverancia.

Hoy os invito a escuchar la canción "La Certeza", de Cecilia Rivero; porque para perseverar no hay que ser un gran héroe, no hay que tener todo a favor, sino que hay que dar un pequeño paso cada día, sin dejar de darlo.

Y eso podemos hacerlo todos con la ayuda de Dios.

Disfrutad de la canción.


La certeza no está tanto en las penas que quebrantan,
sino en soles que nos llegan
y calientan la esperanza.
La certeza no está tanto en la actitud que no se alcanza
sino en pasos que en la vida 
nos mantienen en la danza.
La certeza no está en ver lo que duele la distancia
cuando queda en evidencia que estás lejos,
que hay nostalgia.
El gozo está en saber que apareces en mis horas
y tu voz, de vez en vez,
se entrevera en mis mañanas.

La certeza no está tanto en las ausentes libertades
o que estalle en un quebranto 
la muerte en sus andares.
Lo cierto es que tu aliento nos inspira en la trinchera,
en el tinte colectivo
que ya cimbra las aceras.
La certeza no está tanto en constatar las soledades
que sorprenden nuestro espacio
cosechando austeridades.
Lo cierto es la memoria que perdura en cada brasa,
al tocar que nuestro espacio
es profundo y habitado.
La certeza es esa gracia de sentir que, encaminada,
soy amada, soy fecunda,
soy proyecto, soy humana.
Y la única razón, la razón de mi existencia,
es ser amante, ser fecunda, 
ser proyecto, ser humana.

Si nos sabemos amados, nos sentiremos seguros y caminaremos perseverantes. No olvidéis, que después del mes de mayo, el mes de María viene el mes de junio, el mes del Sagrado Corazón, que nos recuerda que el amor que Dios nos tiene nos apoya en todo lo que hacemos y nos ayuda a levantarnos cada vez que caemos.

¡Feliz mes del Sagrado Corazón!

lunes, 23 de mayo de 2016

EN TRES DEDOS




Hola a todos:

"En tres dedos", decía san Felipe, "está la santidad". 

Y, debe estarlo, cuando después de quinientos años nuestro patrón sigue siendo considerado como uno de los grandes santos de la Iglesia, y su pensamiento sigue siendo actual.

Con la fiesta del 26 de mayo daremos por concluido el año de celebraciones por el quinto centenario del nacimiento de San Felipe, y a todos quiero felicitaros por tan gran día.

Pero, ¿quién fue Pippo Buono?, ¿qué cosas especiales hizo?

Mucho se ha hablado y escrito sobre él, y podéis acudir a infinidad de libros y multitud de artículos que hay en internet para informaros.

Porque nosotros aquí hoy nos vamos a limitar a esos tres dedos...

La santidad está en tres dedos decía San Felipe poniendo tres dedos sobre la frente. La santidad no está en los dedos, por supuesto, sino en lo que hay debajo de la frente, en el espacio de esos tres dedos.

Y, ¿qué hay en ese espacio para que ahí radique la santidad?

Ahí podemos decir que están las emociones, los sentimientos, la inteligencia, la comprensión de las cosas, la sabiduría y, por supuesto, ahí deben radicar nuestras decisiones.

A través de nuestros sentidos el mundo que nos rodea entra en nosotros, y eso, casi que no podemos evitarlo. Una vez dentro, inmediatamente, sin que podamos hacer nada para impedirlo, surgen las emociones, los sentimientos. Y, después, con nuestra inteligencia, con nuestros conocimientos, con nuestros deseos o aspiraciones, tomamos el control de la situación y de nosotros mismos, eligiendo nuestra reacción.
San Felipe Neri

No somos animales que obran por instinto, Dios nos ha dado recursos para elegir en cada momento cómo reaccionar ante los impulsos que nos llegan del exterior, a lo que vemos, a lo que escuchamos, a lo que nos dicen, a lo que sucede. Y, siempre, al menos tenemos dos opciones entre las que elegir.

Por eso hablaba nuestro patrón de esos tres dedos en relación con la santidad. Pero, entonces, ¿en qué consistía la santidad para él?, ¿sólo en esa capacidad de elegir? Sí y no. Sí, porque ser humano no se elige, pero ser santo es una invitación.

Cuando Dios crea al hombre en el paraíso, dice "Creemos al hombre a nuestra imagen y semejanza". Por eso, la mayor aspiración del ser humano es ser como Dios. Que lo creó libre para elegir. Pero el hombre (el ser humano) elige seguir el consejo de la serpiente para ser "como Dios".

Porque nuestra capacidad de elegir no nos asegura una buena elección. Lo malo de la elección de Adán y Eva no estuvo en querer ser como Dios, sino en la forma en que quisieron ser como Dios: quisieron tener "el conocimiento de Dios", lo que les llevó a la soberbia.

 Por eso tuvo que venir Jesús a corregir nuestra visión equivocada de cómo ser como Dios. Porque sí, tenemos que ser como Dios, estamos llamados a ser como Dios. El mismo Jesús lo dijo: "Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto". Y añade: "Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso". Esa es la perfección de Dios que estamos llamados a imitar: el Amor, lo que nos llevará a la humildad.

Así, San Felipe, que era sabio en la sabiduría del amor, quería que sus discípulos se mortificaran, pero no físicamente (porque eso sólo o casi sólo lleva a la soberbia), sino mentalmente, porque ser dueños de nuestras decisiones y buscar, como decía también San Felipe, "sed humildes y estad abajo", es lo que nos va a permitir amar a todos con el amor de misericordia de Jesús, que "se humilló y se rebajó hasta morir en la cruz".

Tres dedos... Tres dedos que nos darán el control sobre nosotros mismos y nos abrirán la mente a la bondad, a la belleza, al amor y a lo bueno, y nos ayudarán a huir de lo que nos encierra en nosotros mismos, del egoísmo, de lo que nos hace daño a nosotros, a los que nos rodea y al mundo.

Tres dedos de los que somos dueños, ¿somos dueños o nos dejamos dominar por la reacción instintiva?

Tres dedos que tenemos que llegar a conocer, a dominar, a controlar para que nos dirijan en la dirección correcta, la de Dios, la del amor misericordioso.

Pero, ¿cómo conseguirlo, si estamos siendo constantemente invadidos por imágenes, por sensaciones que nos llaman a dejarnos llevar, a seguir a la multitud sin pensar?

San Felipe, con su ejemplo, enseñó a los suyos varias cosas que hoy nos pueden servir:

1. La primera la oración. Importantísimo pedirle ayuda a Quien conoce perfectamente nuestro ser hasta el más pequeño de los genes, y que nos puede dar la gracia, la fuerza, la sabiduría, el amor para que elijamos bien.

ORAR

2. La segunda la práctica. San Felipe quería que sus seguidores, como hacía él mismo, practicasen lo que entonces se llamaba "mortificación interior", y que hoy llamamos "dominio de uno mismo". Y para practicarlo, qué mejor que las pequeñísimas ocasiones que cada día tenemos de elegir. Pero, ¿cómo elegir lo correcto? Muy fácil, una simple pregunta, ¿qué haría Jesús en una situación similar?, ¿qué hizo cuando querían alabarlo?, ¿qué hizo cuando había que ayudar a alguien?, ¿qué hizo ante el sufrimiento?, ¿qué habría hecho aquí y ahora?, ¿en esta situación concreta?

3. La tercera la huida. Es impresionante la importancia que da San Felipe a huir. Huir de las tentaciones, huir de todo aquello que puede llegar a ser una tentación para él mismo. Y aconseja siempre huir. No lo considera de cobardes, porque la experiencia es que el que huye acepta que el enemigo (el mal, la tentación en este caso) es más fuerte que uno mismo. Porque en nuestra batalla contra el mal, decía San Felipe, vence el que huye.

4. La cuarta, pedir consejo. Esto que entonces se hacía en la confesión, y que más tarde se llamó "dirección espiritual", es muy importante. Pero no es bueno buscar consejo en quien es igual que yo, o en alguien que busque su interés. Es importante buscar a alguna persona que sepamos que tiene la sabiduría de Dios, y no andar de acá para allá preguntando a unos y a otros, porque eso puede servir para desahogarse, pero no es bueno para caminar por la senda estrecha que lleva a la Vida y por la que Jesús nos invitó a caminar.


5. Y, por último, buscar la gracia de Dios. San Felipe daba mucha importancia a que se tuviera un confesor, pero no sólo en el sentido de consejero o acompañante en el camino del espíritu. Invitaba a confesarse a menudo, porque en la confesión no sólo reconocemos la cantidad de veces que no somos capaces de decidir y actuar al modo de Dios. La confesión fomenta en nosotros esa humildad de reconocer nuestra debilidad y pedir la ayuda de Dios, pero no sólo eso. Lo mejor de la confesión no es lo que yo hago, lo que yo reconozco, lo que yo pido; sino que en el sacramento recibimos el abrazo de Dios como el padre del hijo pródigo; en el sacramento recibimos la fuerza del Espíritu Santo para no quedarnos en la caída, para no autocastigarnos en la soberbia como Judas, para llorar la metedura de pata y volver a empezar como San Pedro.

¡Uff!, me diréis que es mucho. Pero, reduzcámoslo a "tres dedos": "¡Ayúdame, Señor!", "Jesús, ¿tú que harías?", "En la batalla contra la tentación gana el que huye", "Busco un /una compañero/a de camino que me aconseje por dónde" y "Recibo la fuerza de Dios en los sacramentos".

Ya veis, no es para tanto, la santidad se reduce a tres dedos.

Hoy os traigo una canción de Martín Valverde que se llama "Cuando soy débil soy fuerte", que nos invita a apoyarnos en el Señor.


Cuando soy débil,
yo soy testigo de tu fuerza en mí,
cuando soy débil
es cuando triunfa tu poder en mí, Señor.

Cuando soy débil,
tú muestras plenamente en mí tu amor
y hoy me glorío,
y hoy me alegro en mi debilidad.

Y me basta tu amor,
tu gracia me das,
cuando débil soy... fuerte soy.


Tu amor se muestra pleno en mí
cuando más débil me encuentro, Señor,
y hoy me alegro
en medio de toda dificultad.

Y me basta tu amor...


¡Felicidades a todos en la celebración de San Felipe Neri!



jueves, 19 de noviembre de 2015

VIDA PARA VIVIR EN LIBERTAD


Escucha esta entrada en nuestro Podcast

Hola a todos y todas:

Estamos estrenando el mes de noviembre, mes de los santos y mes de los difuntos.
Mes de los que ya no están con nosotros, de los que han pasado de la vida a la muerte y de la muerte a la vida en el Amor de Dios.
Porque, como dice san Pablo: "En la vida y en la muerte, somos del Señor".
Mes de los que han pasado haciendo el bien y ya disfrutan de la paz; de los que ya viven en el Reino que Jesús anunció.
El día siete murió nuestra Hermana Madre María de los Ángeles, que tras varios años ejerciendo el apostolado de la acogida en los hogares, estuvo, durante muchísimo tiempo en la comunidad de Sevilla, dedicada a pedir de puerta en puerta para la manutención de nuestras acogidas. Ella vivió lo que dijo nuestro Padre Fundador en la puerta del hospital Central: "Aunque tenga que mendigar de puerta en puerta por toda la vida, lo haré gustoso buscando pan estas infelices, con tal que no se pierdan".
Este apostolado que exige una gran humildad y paciencia, pues cada puerta a la que llamaba era un misterio, y lo mismo la podían recibir bien que con una ofensa.
Tres cosas caracterizaban a Madre María de los Ángeles: su exquisita sensibilidad, sus detalles y su espíritu de libertad.
Tres características que vivieron San Felipe, el Padre Tejero y Madre Dolores.
En este mes, la Iglesia nos invita a meditar en la muerte. Pero pensar en la muerte no es para ponerse tristes, sino para que miremos un poco nuestra vida sabiendo que llegará el día en que tengamos que volver la vista atrás y ver, como en un espejo, todo lo que hicimos y todo lo que dejamos de hacer; todas nuestras elecciones con sus consecuencias. Como ese momento nos llegará, pues mejor que nos vayamos entrenando ahora, para no llevarnos sorpresas. ¿No os parece?
La Iglesia nos recuerda que es bueno mirar a los santos, cómo vivieron, cuáles fueron sus elecciones y las consecuencias que aquellas elecciones tuvieron, no sólo para ellos, sino para las personas que les rodearon.
Miremos a los santos. Miremos a San Felipe, a nuestros Fundadores. ¿Qué cosas les caracterizaron?
San Felipe fue el hombre libre que eligió a Dios, que le pidió a Dios que le diera su Espíritu, que se lo pidió con tanta insistencia que el Amor de Dios le llenó; fue el hombre que invitaba a todos a ser libres, a elegir en libertad, es decir, sin dejarse condicionar por la sociedad, sino desde el interior del corazón.
El Padre Tejero fue el hombre sensible a la realidad que le rodeaba, sensible a las necesidades de las mujeres esclavas; que le pidió a Dios la fuerza necesaria para ayudarles. Que se lo pidió con tanta insistencia que Dios le concedió fundar una Congregación dedicada a ellas.
Madre Dolores fue la mujer detallista, que sabía todas y cada una de las necesidades de las Hermanas y las acogidas; que le pidió a Dios que todas sintieran su amor. Que se lo pidió con tanta insistencia, que el Señor le concedió ser como Jesús y entregar su vida en una cruz de Amor.
Miremos, durante este mes de noviembre nuestra vida, miremos hacia atrás y hacia adelante.
¿Cuáles son las tres cosas que me caracterizan?, ¿me gustan?
Si me gustan, ¿cómo puedo potenciarlas?, ¿le pido a Dios que potencie en mí esas cualidades que me ha dado?
Si lo que veo no me gusta, ¿por qué no pedir ayuda a Dios para cambiarlo?
Todos tenemos cosas buenas. En nuestra vida tenemos dos macetas: una con flores y otra con malas hierbas. Si le dedicamos toda nuestra atención a la maceta de las malas hierbas, crecerán y se harán más fuertes. Si dejamos esa maceta a un lado y prestamos atención a las cosas buenas que Dios nos ha dado, las regaremos y crecerán y florecerán.
Y, de paso, como nos olvidaremos de "cuidar" la otra maceta, nuestras cosas desagradables se irán secando y encogiendo (aunque seguirán ahí, que ya lo dijo Jesús cuando habló del trigo y la cizaña); pero no nos preocuparán, porque le pediremos a Dios con insistencia que nos ayude a descubrir, como lo hicieron los santos, cuales son los talentos que nos ha dado, y qué quiere que hagamos con ellos.
Cada uno en nuestra condición, pero siempre desde la libertad, sensibilidad y cuidando de que quienes nos rodean se sientan amados y cuidados por nosotros.
Hoy os traemos una canción de Cecilia Ribero, titulada Somos, y que nos recuerda que nuestra vida está hecha de luces y sombras. Dice así:

Somos humo que se esfuma con el viento
somos niebla con semblante de silencios
tierra seca que clama temporales
somos piedra pulida a contratiempo
Somos duda y confusión somos tormenta
turbulencia que de paz vive sedienta
somos balsa que desea llegar a puerto
somos casa y hoguera, somos huerto.


Somos penas que culminan con el llanto
somos roca endurecida con el tiempo
el sutil prejuicio que traiciona
retroceso en caminada de cangrejo.
Y... ¡de nuevo somos danza y movimiento!
vida fértil, noche clara y firmamento,
osadías que nunca viven riesgos
caridad que desemboca en sueños nuevos.

El silencio que exigen las palabras
para hacer desde el fondo el argumento
el acento que pide la tonada
para ser del corazón el alimento
Fortaleza inquebrantable de la hormiga
el plural que nos convoca y nos hermana.
Libertad como único legado
el regalo de un amor ilimitado.

Osadías que nunca viven riesgos
caridad que desemboca en sueños nuevos.

Y recordad que san Pablo también nos dijo que todos somos santos, porque a todos nos quiere el Señor, y al hacernos hijos suyos, nos ha hecho participantes de su naturaleza santa.
¡Potenciemos nuestra santidad!
¡Feliz mes de los santos!

domingo, 11 de octubre de 2015

EL QUE ES FIEL EN LAS COSAS PEQUEÑAS LO SERÁ TAMBIÉN EN LAS GRANDES

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Hola a todos y todas:
Este mes de septiembre ha estado lleno de entrañables acontecimientos para todos nosotros.
Y todos ellos relacionados con la fidelidad, la fidelidad de Dios para con nosotros y nuestra fidelidad para con Él.
Porque una cosa pequeña llega a ser grande cuando se mantiene en el tiempo, que es lo más difícil.
Ya san Felipe decía que entre las gracias que hemos de pedir a Dios está la perseverancia; y que es muy fácil comenzar a hacer el bien, pero difícil mantenerse en él.
Y si así era en el siglo XVI, ¡cómo no ha de ser en nuestro siglo XXI!, en el que todo cambia a grandísima velocidad, en el que todos los compromisos son temporales.
Pero, cuando las cosas se mantienen en el tiempo siempre es una alegría para quienes forman parte de ellas.
Este mes, el día de los Dolores Gloriosos de María, se abrió el año jubilar de celebración de los cincuenta años de presencia Filipense en América.
Fidelidad es una palabra clave en esta celebración. M. Rosario Ruiz Pedraza, superiora general de la Congregación cuando se nos solicitó acudir a una misión en Colombia, fue fiel a lo que creyó ser voluntad de Dios, aunque suponía romper unos con esquemas que habían marcado los rumbos de la Congregación durante muchísimos años.
Fidelidad de cada una de las Hermanas que desde España han ido a aquellas tierras y de las Hermanas Colombianas, que hoy están no sólo en su país, sino también en Ecuador, Perú y Kenia.
En este mes en que los jóvenes religiosos se han reunido en Roma con el Papa Francisco, le han preguntado qué pensaba él acerca de que la vida religiosa fuera también temporal, ya que el mundo es tan transitorio actualmente. Y el Papa les ha respondido que es cierto culturalmente hablando, que vivimos en un tiempo muy, muy inestable, tan inestable que parece "un pedazo de tiempo". Pero, les ha dicho, que el cristianismo es la cultura de "lo permanente", porque Dios envió a su Hijo ¡para siempre!, no temporalmente; no para una generación, o para un país, sino para todos y para siempre.
Y les dijo que, incluso en la cultura de lo interino, hay que tomar compromisos definitivos; porque si no se corre el riesgo de desintegrarse como persona.
Dice que este es un criterio de discernimiento vocacional importante.
Y definitivo han sido los compromisos de muchas de las Hermanas que han pasado por la Congregación, aunque es cierto que también hay salidas; han salido jóvenes y no tan jóvenes tanto en España como en Colombia; por eso, tan alegre como la celebración de las bodas de oro de la Congregación es la celebración de las bodas de plata, de oro, de diamantes de las Hermanas que hoy, con nuestras virtudes y nuestros defectos, estamos en el Instituto.
Y, gracias a Dios, también contamos con muchas Hermanas que han llegado a la celebración de las Bodas definitivas con sus lámparas encendidas, y que hoy son el sostén de nuestra Familia Filipense desde el cielo.
Podemos preguntarnos, en un mundo tan cambiante como el nuestro, ¿qué sentido tienen la perseverancia, la fidelidad, la paciencia, el aguante en muchas ocasiones? ¿No es mejor abandonar y empezar otra cosa?
Hay un cuento que dice que un joven vio cómo una mariposa se esforzaba por salir del capullo en que había pasado de gusano a mariposa. Vio lo difícil que le resultaba cada uno de los movimientos para salir por un pequeño agujero que había hecho en lo alto del capullo, por lo que decidió ayudarle y rompió el capullo para que la mariposa quedara libre. Lo que sucedió fue que la mariposa, libre de pronto de su "cárcel", quiso emprender vuelo, pero sus alas carecían de la fuerza necesaria para hacerlo, pues no se habían ejercitado saliendo del capullo.
El resultado fue que la mariposa terminó los días de su vida con unas alas muy hermosas pero sin poder volar.
La paciencia diaria en las pequeñas cosas, la perseverancia en las adversidades y en los sufrimientos es lo que da valor a nuestras vidas y lo que nos permite ser cada día mejor personas.
Madre Dolores nos decía que a nosotras Dios nos nos lleva por los caminos de lo extraordinario, de las grandes cosas. Los y las filipenses estamos llamados a una fidelidad de pequeñas cosas, que casi siempre es más pesada que una fidelidad de grandes cosas; porque lo extraordinario nos parece que es más valorado, pero lo pequeño de cada día es lo que nos cuesta.
Encontrarnos el periódico fuera de su sitio, que no hay leche en la nevera cuando voy a buscarla, o que no me gusta el programa que se está viendo en casa, tener que colaborar con las limpiezas o la preparación de la comida o de la mesa... que cuando me he esforzado en hacer la comida de un modo especial nadie se dé cuenta, o que sólo se fijen en un pequeño detalle que está mal, sin mirar todo lo demás que está perfecto.
Que el jefe nos encargue más trabajo del habitual, porque algún compañero o compañera se consigue escabullir siempre de hacer el trabajo pesado...
Todos estos pequeños detalles de la vida son los que exigen de nosotros esa paciencia, fidelidad y perseverancia que, con el tiempo, harán que volemos alto, y que nuestras "alas" nos lleven más allá, mucho más allá en la felicidad, de lo que jamás hubiéramos podido imaginar.
Sí, como filipenses estamos llamados a la perseverancia en las pequeñas y pesadas cargas de cada día, para poder "volar alto", y no como la mariposa del cuento; como san Felipe, como las Hermanas que han celebrado sus bodas de plata, oro o diamantes, como la Congregación en América.
Durante este mes os invito a mirar no el capullo del que nos cuesta salir, sino las alas que nos harán volar.
Y, durante el mes del Rosario, recordemos que María de Nazaret no hizo grandes cosas, sino que hizo grandes las pequeñas cosas de cada día poniendo amor en ellas.
Os abrazan,
Vuestras Hermanas del equipo de Fundadores.


jueves, 27 de agosto de 2015

EL CRISTO DE LA MISERICORDIA

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Hola a todos y todas:

Desde hace tiempo tengo pendiente esta "entrada" en el blog, pero por unas cosas u otras, se me ha ido haciendo imposible.

El pasado mes de mayo, en nuestra iglesia de Sevilla tuvimos el triduo al Santísimo Cristo de la Misericordia. Preparado por un grupo de laicos que se sienten muy Filipenses, consistió en una conferencia sobre la historia de los Crucificados de Juan de Mesa; un Vía Crucis y una representación de la Pasión en forma de teatro leído acompañado de música de cámara. Finalmente, el domingo de pasión estuvo todo el día abierta nuestra iglesia para el besapie del Santísimo Cristo, finalizando con una sencilla eucaristía de acción de gracias.

Para mí fue experiencia de fraternidad con este grupo de jóvenes comprometidos con nuestra congregación de una forma tan generosa. Además experimenté un modo nuevo para mí de hacer apostolado: Estar junto a Jesús crucificado acompañando a las personas que acudían, bien por ver de cerca una talla tan hermosa, bien por orar al pie de la cruz y experimentar cómo la misericordia del Señor está cerca de nosotros.

Fueron mil instantes de intenso pero breve diálogo con las más de doscientas personas que pasaron por nuestra iglesia. Los jóvenes se reían de mí, porque le decía a la gente: "Si necesitáis misericordia, poneos a los pies del Señor; pero si necesitáis un milagro, aquí detrás está nuestra Madre Fundadora, que está en vías de ser beatificada, y es muy buena intercesora antes nuestro Señor".

Los jóvenes se reían, y creo que me he quedado con el apodo de la de "Si necesitáis misericordia acudid a Cristo; si un milagro, a Madre Dolores". La verdad es que no sé por qué empecé a decirlo, pero así lo sentía, y creo que muchas personas se sentían "tocadas" por mis palabras.

Había quien se arrodillaba delante del Señor, y en silencio estaba con Él un rato, antes de besar sus pies o su costado reverentemente. Otros se asomaban al coro, donde está enterrada Madre Dolores y allí pasaban un rato con ella, imagino que contándole sus cuitas.

Por qué motivo cada uno elegía imagino que es algo que quedará para siempre entre el Señor, Madre Dolores y las personas que acudieron. Pero lo que yo sí veía era cómo los rostros salían serenos de nuestra iglesia, algunos con huellas de llanto, otros sin rastro de esas muecas de temor o dolor que yo había visto a su entrada.

Ya digo que fue una experiencia preciosa para mí. Es cierto que muchos venían tan sólo a ver el arte de un crucificado, de un gran escultor, pero todos salían admirados, unos imagino que por la belleza del rostro de Cristo, por su serenidad y el brillo de sus ojos que te miran dejando traslucir una ternura que impresiona.

Cristo de la Misericordia el domingo de Pasión de 2015
Pero no sólo impresiona por el valor de la escultura, o por lo bien que lo hizo Juan de Mesa, sino también porque para los Filipenses Hijos e Hijas de María Dolorosa el Cristo de la Misericordia es algo "especial". Voy a intentar contaros brevemente su interesante historia.

El 3 de enero de 1622 (curiosamente el año en que fue canonizado nuestro patrón, san Felipe Neri), Juan de Mesa y Velasco, escultor imaginero, recibió de Fray Domingo de Santos (Mercedario del convento de San José de Sevilla), el encargo de hacer una Cristo muerto de talla natural para el convento de estos frailes. Pero durante el tiempo en que Juan de Mesa estaba tallando el Cristo, a Fray Domingo le nombraron director de un patronato de mujeres que aportaba la dote para que jóvenes prostitutas pudieran contraer matrimonio.

Entonces Fray Domingo que quería que el Cristo fuera tallado muerto, le dijo a Juan de Mesa que deseaba que fuera un Cristo vivo, un Cristo de Misericordia para estas mujeres. Así pues, el fabuloso escultor cerró la llaga del costado y, con un golpe de gubia, abrió los ojos al Señor, que pasó así de muerto a vivo.

Es verdad que no es que el Cristo de Juan de Mesa resucitara, pero sí es cierto que pasó de muerto a vivo, y con su mirada misericordiosa, desde el año 1622 ha sido testigo y ha fortalecido a muchas mujeres que han pasado, a imitación de su imagen, de "muertas" a "vivas".

Pero no sólo es curioso cómo la imagen pasó de muerte a vida. Cuando el Padre Tejero y Madre Dolores buscaban una casa más grande para su obra de acogida a jóvenes que lograban salir de las redes de prostitución y para su congregación naciente, alquilaron un antiguo convento, que por la desamortización había pasado a manos particulares. Era un convento grande que tenía su iglesia, la iglesia de San José, nuestra primera iglesia. Y allí estaba el Cristo, especialmente tallado para nuestras muchachas hacía 240 años.

Con él se consolidó la obra de acogida y creció la congregación. Por eso, cuando la Junta Revolucionaria de Sevilla, en septiembre de 1868 nos quitó la Casa que Isabel II nos había cedido (el convento del Ángel en una perpendicular de la calle Sierpes), cuando nos quitó todas las subvenciones y nos ahogó hasta no tener recursos para pagar el alquiler. Cuando nos iba a cerrar la iglesia y llevarse todas las imágenes que el obispo nos había cedido; trasladamos esta al interior de la casa, con lo que se libró de ser saqueada.

Y, cuando el gobierno de Madrid nos cedió en abril de 1869, el convento de Santa Isabel, pedimos permiso al obispo para llevarnos no nuestra imagen, sino la imagen que pertenecía y pertenece a nuestras acogidas, la imagen en la que encuentran hoy, como encontraron en los siglos anteriores, la misericordia de un Dios que las ama, que las anima, que las fortalece cuando comienzan una vida nueva.

Por eso, cuando con este grupo de jóvenes que viven nuestro espíritu, celebramos el triduo en honor al Santísimo Cristo de la Misericordia, los donativos van destinados al proyecto de acogida a niñas-madre que la congregación tiene en Kenia. A construirles un hogar, a darles una nueva familia a las que han sido violadas, a veces con la idea que corre por aquellas tierras de que un hombre con sida que mantiene relaciones sexuales con una niña virgen le transmite la enfermedad a ella y se libra él. Terrible esclavitud de las mentiras que esclaviza a niñas y las priva de su vida.

Pero el Cristo tiene misericordia, de ellas y de ellos. Y nosotras, nosotros, oramos por ellas para que se sientan amadas y valoradas. Y oramos por ellos, para que reciban información correcta y pongan a su enfermedad los medios profilácticos y médicos necesarios sin tener que convertir a personas en objetos.

Hoy también os invitamos a escuchar una canción, que podría ser nuestra oración de hoy. Se trata de la canción Danos entrañas de misericordia del disco Canto Interior II, del grupo "Amigos de Orar". Dice lo siguiente:

Danos entrañas de misericordia
ante toda miseria humana
que todos encuentren en nosotros
un motivo para seguir esperando

Así que, mi invitación para este mes:

"Si necesitáis misericordia, acercaos al Señor; y si un milagro, encomendádselo a Madre Dolores".

Y, nunca os olvidéis de orar por los demás.

Os abrazan con cariño vuestras Hermanas del Equipo de Fundadores.

viernes, 31 de julio de 2015

SI NO MUERO POR TI

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Hola a todos y todas:
El 31 de julio es un día grande para cuantos somos Filipenses Hijos e Hijas de María Dolorosa, porque un día como hoy murió Madre Dolores Márquez, nuestra Fundadora.

La vida está llega de días grandes, días de vida y días de muerte, días de risas y días de llanto; porque, como dice el libro del Eclesiastés en su capítulo 3, hay un tiempo para cada cosa.

En 1904 el 31 de julio fue día de llanto, porque era día de muerte. Hoy, después de más de un siglo (ciento once años exactamente), es día de gozo, porque Madre Dolores sigue viva.

Viva en la Congregación, en las religiosas que la formamos, en nuestras niñas y niños, en nuestros alumnos y alumnas, en nuestras mujeres y en sus hijos; en nuestros educadores, trabajadores, colaboradores. Viva en los cientos de mujeres y hombres que, después de muchos años o de pocos, aún se sienten parte de nuestra familia.

Imágenes de la Eucaristía de acción de gracias nuestra capilla
de Puente Genil (31 de julio de 2015).
Pero hoy, día de gozo, también es día de tristeza, porque hoy, con una sencilla misa de acción de gracias, hemos dicho adiós a Puente Genil después de más de medio siglo. 

Hacía ya años que nos vimos obligadas a cerrar el hogar de acogida, y tras tener nuestros locales al servicio de varias asociaciones de caridad del pueblo, el único apostolado que ya realizaba la comunidad era el de ser testimonio de fidelidad y perseverancia en la oración y en el amor, pese a la avanzada edad de todas ellas.

Como en la vida de las personas, en la vida de las congregaciones también hay llegadas y salidas, saludos y despedidas; y hoy nos tocaba despedirnos de un pueblo (ya ciudad) al que hemos querido y por el que nos hemos sentido queridas.

Nos tocaba decir adiós a una etapa en la vida de nuestra familia, nos tocaba "morir".

Pero no nos importa morir, porque como cristianas, como filipenses, estamos convencidas de que no nos quitan la vida, la damos. Y la damos con gusto porque sabemos que somos como el grano de trigo enterrado, que se rompe y se desgarra para dar vida en forma de nueva espiga.

Es una lección que ya nos enseñó Madre Dolores, que aceptó perder la vida mucho antes de morir;  y siendo anciana voló alto encerrada en la pequeña habitación del "de profundis". 

Ella supo lo que es cerrar casas, como la de Jerez, la primera después de Sevilla, como la de Santa Victoria en Córdoba y la de Almería; 

y también tuvo experiencia de llegadas y salidas, de jóvenes que se recuperaban y jóvenes que volvían a la prostitución; de Hermanas que entraban y también se iban, como Madre Rosario, que murió dejando un gran ejemplo en la Congregación, o como otras que abandonaron el Instituto.

Aprendamos que el vivir encierra un morir, que el morir no es malo, es un paso, es avanzar hacia Dios, que sabe "por dónde y cómo hemos de seguir adelante".

Hoy he encontrado una canción que habla de esto. Se encuentra en el disco "Tierra", y su autora se llama Almudena. Creo que ella lo explica mejor que yo, por eso os invito a escucharla.

Dice:
Si no muero por ti
no creceré en tus campos
No habrá frutos que arrancar
ni semillas que sembrar
en esta tierra.
Si no muero por ti
no habrá hombres que aprendan
a amar sin esperar
a luchar sin descansar
adentrándose en tus sendas
si no salgo de mi
si no voy hacia ti,
daré vueltas y vueltas
quedando en mi.
Si no muero por ti
daré vueltas y vueltas...

Y, la verdad, creo que no merece la pena dar vueltas y vueltas, aunque también es cierto que lo hacemos muchas veces, quizás demasiadas.



Que tengáis todos un feliz mes de agosto.
Os abrazan con cariño vuestras hermanas del Equipo de Fundadores.

martes, 30 de junio de 2015

LAZOS DE CARIDAD

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Hola a todos y todas:

Hace unos días falleció en Sevilla nuestra hermana Madre Ana María Laffón, que próximamente cumpliría los cien años.

Madre Ana María Laffón en su 99 cumpleaños.


Sabemos que ya se encuentra en el cielo, en la congregación de los santos y los ángeles que siempre alaban a Dios.

Como diría Madre Dolores, hablando de la muerte de Madre Rosario Muñoz, la primera religiosa de nuestro Instituto, acaecida en el año 1875, "La muerte ocurrida nos avisa de lo indisolubles que son los lazos de la caridad que nos ha unido."

En las primeras constituciones de la Congregación, aprobadas en el año 1865, ya se hablaba de estos lazos de caridad, pues en el capítulo dedicado a las separación de las Congregantes dice:

No porque pueda romperse el lazo que une a las congregantes con la congregación se ha de suponer menos consistente, ni ha de creerse que baste cualquier motivo para separar lo que unió la caridad, que es fuerte, como la misma muerte.

A continuación dice:

Así es que ni aún por la muerte debe creerse roto este dulce vínculo por parte de la Congregación.

Y, un poco  más adelante, leemos:

Permanecerá la unión de las congregantes con la congregación tan íntima e inalterable que ni aún por la muerte deben considerarse rotos los lazos de caridad que las unen.

La pregunta que nos surge es si los lazos que nos unen a cuantos nos sentimos Filipenses hijos e hijas de María Dolorosa son de verdadera caridad. 

Cuando se hila y se teje la seda se hace con muchísimo cuidado, para no romper los hilos, y que todos, cada uno en su color y dibujo, permanezcan unidos formando esas maravillas que podemos encontrar.

¿Ponemos nosotros el mismo cuidado en nuestras relaciones con quienes nos rodean?, o ¿nos dejamos llevar por este mundo corrupto, y sólo buscamos nuestro interés personal?

Miramos a nuestra sociedad, a nuestras naciones y al mundo globalizado en que vivimos, nos parece que ese cuidado ya no se ve, sólo encontramos división y rupturas, cada persona, cada grupo, cada sociedad cree que la suya es la única verdad, el único modo correcto de hacer las cosas, y que hay que imponerlos a costa de lo que sea.

Muchos se sienten "salvadores", otros muchos creen que sólo aniquilando a los que no son como ellos el mundo será mejor.

¿Qué pensamos nosotros?, ¿qué motor nos mueve en nuestras relaciones?, ¿qué lazos nos unen entre nosotros y con cuantos están cerca de nosotros?

Parece que el sacrificio de Cristo ha sido inútil, que los sacrificios de nuestros fundadores y de tantas hermanas y hermanos que han trabajado para construir la paz y la justicia al modo filipense han sido en vano.

Esto nos abate, y nos llama a abandonar el camino comenzado. A veces se nos hace muy duro seguir la senda del Evangelio con la alegría, sencillez, afabilidad y amor que san Felipe, el Padre Tejero y Madre Dolores vivieron hasta entregar totalmente sus vidas como Jesús, como María, como los Apóstoles y mártires.


La canción Prefiero el paraíso cantada por los alumnos
de nuestro colegio de Antequera

Cada día vemos en las noticias más cristianos masacrados, y tememos. Pero no perdamos de vista que somos seguidores de un crucificado, de San Felipe, tan atacado y perseguido en la Roma del renacimiento, de una mujer, Madre Dolores, que vivió martirizada por sus propias hermanas de congregación durante casi veinte años, del Padre Tejero un hombre que fue perseguido y maltratado durante la revolución y que recibió tantos ataques como alabanzas.

La fuerza de Cristo está en que no le quitaron su vida, sino que Él la entregó. La fuerza de Dios se hace presente cuando, pese a todo lo que nos rodea, seguimos tratando con amor a quien no nos lo devuelve. 

Esa es la salvación, convertir todas nuestras relaciones humanas en actos de amor, en lazos de caridad que nos unen con quienes piensan y hacen de un modo diferente al nuestro.
Ese es el espíritu de San Felipe, de Madre Dolores, del Padre Tejero; el amor que guió durante su vida a Madre Ana María Laffón. 

Sólo pidiéndole a Dios que nos ayude a amar, colaboraremos, al estilo Filipense, en la salvación del mundo, ya realizada en Jesús, pero sin terminar aún por los que deseamos seguirle.

No olvidemos que la muerte ocurrida nos avisa de lo indisolubles que son los lazos de la caridad que nos ha unido.

¡Madre Ana María Laffón, ruega por nosotros!

Os abrazan con cariño vuestras hermanas del equipo de Fundadores,





miércoles, 27 de mayo de 2015

SAN FELIPE NERI: SER Y NO PARECER

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Hola a todos y todas:

El pasado 26 de mayo, con la Iglesia, celebramos la festividad de San Felipe Neri, nuestro patrón.

Este año hace quinientos del nacimiento de este gran santo que vivió entre el 21 de julio de 1515 y el 26 de mayo de 1595.

Coetáneo de Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, San Ignacio de Loyola y otros grandes santos fue llamado "Apóstol de Roma" por su incansable trabajo pastoral de evangelización y ejemplo de vida cristiana.

Vivió muchísimas virtudes, pero entre ellas destaca su grandísima humildad. Daba importancia al ser, no al parecer. Sus biógrafos nos cuentan que:

Un día, en el acto de recreo después de la comida, se entabló conversación entre Felipe y monseñor Sauli, hombre de vasta ciencia y gran piedad, sobre un punto de teología.

Que:

De repente san Felipe se da cuenta de que traspasa los límites de su habitual reserva y que la plática toma un tono algo vivo y animado, 

y que:

Al instante, retirándose suavemente del debate, con aquella delicadeza de formas y maneras habituales en él, declaró conformarse con el parecer de los allí presentes, que tenían mucho mejor estudiada la materia.

También nos cuentan que con aquellas personas a las que no conocía íntimamente, se portaba de tal manera que daba pie a juzgarlo falto de instrucción.

Cuando, en una ocasión, el papa Clemente VIII aconsejó a unos nobles polacos que le visitaran y hablaran con él, a fin de que por su propia experiencia se dieran cuenta de sus virtudes, san Felipe (no sabemos cómo), se enteró, y cuando oyó que entraban y subían la escalera que daba a su cuarto, pidió a un padre que estaba con él, que tomara una novela y se pusiera a leerlo en voz alta hasta que él le dijera que parara.

Cuando entraron los aristócratas, San Felipe, sin otras palabras o ceremonias, les rogó que aguardaran a que terminase la lectura, y mientras seguía la lectura el decía con mucha gravedad: "Ya veis que también tengo libros buenos y que nutro mi espíritu con asuntos importantes.

Y no tuvo con ellos otra clase de conversación, ni una sola palabra espiritual.

Los visitantes se miraban extrañados por lo que estaban viendo y oyendo; y, al poco rato se fueron, sin entender nada.

Una vez que se habían ido, san Felipe pidió al padre que había estado leyendo que volviera a guardar el libro, y le dijo: Hemos hecho lo que teníamos que hacer.


San Felipe Neri
San Felipe Neri, obra de Pedro Duque Cornejo 
(convento Santa Isabel - Sevilla)

Eso de "Ser y no parecer" es lo que pretendía siempre San Felipe.

Ser santo y no parecerlo, ser culto y no parecerlo, ser orante y no parecerlo. Porque decía que la perfección exterior sin el amor de Dios es como un árbol cargado de hojas pero sin fuerza, sin savia suficiente.

Qué distinto de nosotros, que pretendemos llevar la razón, quedar por encima del de al lado, que buscamos el reconocimiento de nuestras obras, la aprobación social.

Muchas veces hemos escuchado las palabras de Santa Teresa: Humildad es andar en verdad. Así que buscamos que reconozcan nuestra verdad, que es nuestro conocimiento, nuestra cultura, nuestra razón, nuestro "bolsillo", sin dejar lugar a que el de al lado también tiene su verdad, su conocimiento, su cultura, su razón...

Nos parece difícil conjugar el "andar en verdad" de Santa Teresa y el "ser y no parecer" de San Felipe.

¿Cómo va a ser posible?

Nos parece algo que es, como poco, complicado.

Pero es muy, muy sencillo. Preguntémonos dónde está el punto de referencia para Santa Teresa y San Felipe. Y, ¿dónde está el mío?, ¿el nuestro?

Mirado así, el asunto se va aclarando.

Para Teresa y Felipe es claro que el punto de referencia es Dios. Por tanto, "andar en verdad" es reconocer quién y cómo somos delante de Dios, comparados con Dios. Y "ser" es ser ante Dios y no ante los demás.

Por desgracia, nuestra sociedad nos ha cambiado el punto de referencia, adoctrinándonos en que lo importante es la comparación con el vecino de casa, con el compañero o compañera de trabajo. Nos han dicho miles de veces que tenemos que ser el primero de la promoción, tener mejor trabajo y ser más importante a los ojos del mundo.

Alabamos a las artistas por su apariencia, a los futbolistas por su potencia y su estado físico, a los magnates por los ceros de sus cuentas bancarias. Eso, más o menos, también pasaba en tiempos de Santa Teresa y San Felipe. Pero ellos, como los miles de mártires de los siglos XX y XXI, nos enseñan que hay que poner a Jesús (crucificado, humillado, despreciado, ...) en el centro; y sólo con Él hacer nuestras comparaciones.

Así nuestra verdad se centrará en lo importante y, sin importarnos la apariencia, seremos.

Os abraza,

El equipo de Fundadores.

martes, 12 de mayo de 2015

ALEGRAOS UNA Y MIL VECES

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Hola a todos y todas,

Mayo siempre ha sido el mes de las flores, flores en las macetas, flores en los jardines, flores para las madres, flores para María, la Madre de todos,…

Mayo es, casi siempre, el mes de Pascua, el mes de Jesús resucitado, el mes en que la Iglesia se alegra una y mil veces. Se alegra por saber que el Amor de Dios es más fuerte que la muerte, se alegra por la venida y presencia del Espíritu Santo en el mundo, en la Iglesia, en cada uno de nosotros y nosotras.

En el mes de mayo los Filipenses celebramos dos acontecimientos muy importantes para nosotros: el nacimiento de nuestro Fundador, el Padre Tejero el once de mayo de 1825 en Garray (Soria), y la fiesta (en el día de su muerte) de San Felipe Neri, nuestro patrón (o como decimos a veces, de nuestro “abuelo”), por ser el fundador de las Congregaciones del Oratorio, a las que perteneció el Padre Tejero, y por ser el inspirador y modelo de nuestra espiritualidad.

¡Un mes bonito el de mayo!

Por eso, con nuestro fundador, y con san Pablo en su carta a los Filipenses (que parece escrita para nosotros) os digo: ¡Alegraos!, ¡Alegraos una y mil veces!


Alegraos porque la vida ha vencido a la muerte, alegraos porque nuestras pequeñas (o grandes) muertes de cada día son al mismo tiempo resurrecciones, avances hacia la meta de nuestro camino, que es la identificación con Cristo.

Alegraos porque en nuestro mundo de hoy no sólo hay corrupción y guerras y muerte y genocidios y catástrofes.

Alegraos porque cada acto de amor, de superación, de justicia y aceptación de la voluntad de Dios hace presente el Reino de Dios venciendo a la oscuridad y la muerte.

Alegraos por el testimonio que nos dan tantos mártires que, frente al dolor y la muerte siguen fieles al mensaje de amor infinito e incondicional de Cristo. Y sufren y mueren como Cristo, diciendo “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”.

Alegraos porque toda la Iglesia les acompaña, y su sangre, como la de los apóstoles y los primeros cristianos es fuente de vida para la Iglesia.

Alegraos porque, aunque nuestra fe se haya adormecido, aunque nuestra fe sea débil y sigamos eligiendo la comodidad y huyendo de la dificultad, los mártires son una gran fuente de fuerza y Amor para toda la Iglesia, y en ella nosotros.

¡Alegraos! e intentad vivir vuestra vida como ese camino de fe iniciado por Jesucristo, seguido por María y por San Felipe, continuado por el P. Tejero y M. Dolores, y vivido ahora por todos los que nos sentimos Filipenses Hijos e Hijas de María Dolorosa.

En la Congregación, como en la Iglesia, celebramos en Mayo el mes de María, nuestra Madre. Y a ella, como buenos hijos e hijas, le llevamos nuestros ramos de flores, que si algunas veces son de rosas, muchas más son esfuerzo, sacrificio y superación.

Madre Dolores, cuando ya no era Superiora General, tuvo que viajar desde Málaga a Granada, y allí recibió la propuesta de una nueva fundación. Al recibir la negativa de Sevilla, ofreció sus lágrimas a María como un pequeño ramito de Violetas.



Imitemos a nuestros fundadores, ofrezcamos nuestras dificultades y penas a María, como pequeños ramitos de violetas, y podremos alegrarnos viendo cómo florecen y crecen esas pequeñitas flores de nuestros sacrificios.

Que tengáis un muy buen mes de mayo y no se os olvide lo que nos recomiendan a los Filipenses:

¡Alegraos una y mil veces!

Os abraza,

El equipo de Fundadores.